Los impuestos propios de las comunidades se han multiplicado con la crisis

Ante la crisis y la austeridad recetada por la Administración central, las Comunidades Autónomas apostaron por los impuestos propios. En los últimos años, las diferentes Autonomías han multiplicado estos impuestos en busca de financiación para sus arcas, eso sí, unos con más éxito que otros. Todo aquello que no es gravado por una Administración es susceptible de incorporarse en el sistema tributario. Así, existen tipos y tasas para bolsas de plástico, gases fluorados, tierras infrautilizadas, aprovechamientos cinegéticos, agua embalsada y un largo etcétera.

En el año 2007, antes de la crisis económica, las comunidades contaban con 48 impuestos propios. En 2015, han llegado hasta 76, que no incluyen el impuesto sobre el patrimonio, el impuesto sobre sucesiones y donaciones o el impuesto sobre actos jurídicos documentados, sobre el que tienen plena competencia ya.

Cataluña es la comunidad que más ha multiplicado los impuestos en estos últimos años. De cuatro impuestos propios en 2007, hoy cuenta con 14, frente a las cinco de media en las comunidades de régimen común. En 2014, el Ejecutivo de Artur Mas fijó cuatro nuevos tributos: el impuesto sobre la producción termonuclear de energía eléctrica y sobre las emisiones contaminantes de óxidos de nitrógeno de la aviación comercial. También estableció un gravamen sobre las operadoras de internet y sobre las viviendas vacías, éste último en fase de tramitación. Detrás de Cataluña, Andalucía es la segunda comunidad con más impuestos propios.

La Junta de Andalucía presidida por Susana Díaz cuenta con tributos que gravan las bolsas de plástico, las tierras infrautilizadas, la emisión de gases o los vertidos a las aguas litorales. Baleares, Castilla y León y Castilla-La Mancha, en cambio, suman solo dos impuestos propios.